En la cotidianidad solemos darle muchísima importancia a las actividades laborales y escolares, puesto que son la principal fuente de aprendizaje intelectual y social. Sin embargo, los seres humanos nos vamos domesticando a realizar muchísimas actividades que pasan desapercibidas cuando se automatizan en nuestro diario vivir.
Son actividades “invisibles” por la poca importancia explícita que se les da. Por ejemplo: ¿te irías a tomar un café con un amigo para charlar sobre cómo te pusiste las medias hoy? ¿le preguntarías a un amigo si al ducharse usó primero jabón o champú? Son preguntas raras, ¿no? Pero estas son las AVD (Actividades de la Vida Diaria).
¿Qué son las AVD?
Son un conjunto de tareas o conductas que realizamos de forma diaria, casi automática y obligatoria culturalmente, que nos permiten vivir de forma autónoma e integrada al entorno. Suelo decir que son actividades vitales.
Según el Marco de Trabajo de la Terapia Ocupacional (AOTA, 2020), se clasifican en ocho categorías principales:
- 1. Bañarse y ducharse: Higiene corporal completa y traslados.
- 2. Higiene del baño y aseo: Manejo de ropa y suministros de aseo.
- 3. Vestirse: Selección y colocación secuencial de ropa y accesorios.
- 4. Comer y tragar: Mover el alimento de la boca al estómago.
- 5. Alimentación: Llevar los alimentos del plato a la boca.
- 6. Movilidad funcional: Moverse de una posición a otra en el entorno diario.
- 7. Higiene personal y aseo: Cuidado de piel, uñas, ojos y boca.
- 8. Actividad sexual: Expresión y experiencias sexuales con uno mismo o con otros.
En los niños, suele ser más complicado distinguir si existe una dificultad en la ejecución de las AVD debido a factores como la sobreprotección o la falta de integración en las tareas domésticas. Por eso, evaluamos la rutina del hogar y las habilidades madurativas para comprender su nivel de desarrollo.
Te invito a revisar tus AVD, hacerlas conscientes y apreciarlas como la base fundamental para el mantenimiento de la salud y la independencia.